/ CULTURA

13 DIC 2022

De Málaga a Ourense:

el resurgimiento del folclore, la artesanía y la tradición

por Cristina Vila
En un mundo cada vez más globalizado, resulta irónico cómo cada vez son más personas las que miran hacia dentro, toman sus raíces, y hacen con ellas arte para que lo pueda apreciar el mundo entero.

Lo hemos visto perfectamente en el terreno musical, donde grandes artistas como Rosalía y C. Tangana han tomado como referencias el flamenco o la estética tradicional castellana. Lo vimos en el Benidorm Fest con Tanxugueiras y su Terra, un tema basado en el ritmo tradicional de la muñeira, el cual, probablemente, hace unos años, hubiera sido impensable que llegara a la gran final del festival. Y lo hemos visto de nuevo en La Cantera, el álbum de Guitarricadelafuente, donde se combinan una infinidad de ritmos que van de la jota aragonesa a la rumba cubana; de los dejes flamencos a las panderetas gallegas. 

Es indiscutible que existe un resurgir del folclore, de actualizar la tradición española y de volver a lo que, en definitiva, nos hace ser quienes somos. Pero, ¿cómo se traduce toda esta tendencia en el lifestyle?

En Ourense, Lilia Méndez, ha creado un pequeño rincón donde reivindica la artesanía y la tradición gallega. AO Domini es una tienda que fusiona la filosofía atlántica con la estética japonesa. Todo ello bajo un compromiso con la sostenibilidad con el producto local y con la restauración de piezas con historia. “Para mí todo empezó con la idea de recuperar piezas antiguas de lino y algodón, y darle un concepto moderno y actualizado. Son piezas de lino antiguo que me parecen tan poéticas que creía injusto que se perdiera toda la tradición de lo que había detrás”, afirma la emprendedora. 

Aunque sea desconocido para muchos, el lino se plantaba en Galicia y allí mismo se trataba y se confeccionaba en las casas pero, eso, ya se ha perdido. Para Méndez estas telas hablan por sí solas con sus imperfecciones y, con ellas y el trabajo de maestros artesanos, ha creado nuevas piezas, como manteles individuales o servilletas, además camisones reconvertidos en vestidos. “Me parecía mágico no tener que invertir recursos ni producir nuevas telas cuando ya tenemos este material”.

Lo más difícil de este proyecto ha sido, probablemente, el encontrar maestros que restauraran las piezas: “Ya no hay casi nadie que teja eso. Todo se hace en la India, y en España no hay nadie que tenga la tradición de recuperar esos bordados. Hasta que encontré a una señora de 82 años maravillosa que ha podido recuperar piezas que, en muchos casos, ni siquiera llegaron a usarse”, explica.

Este proyecto nació de la dificultad. Lilia se quedó en paro a consecuencia del Covid, y fue entonces cuando se dio cuenta de que quería hacer algo que le gustase, sostenible y respetuoso: “Este proyecto me lo ha dado la incomodidad psicológica que me generó todos los años que trabajé en el mundo del retail. El pensar en por qué hay que producir en otro país, y de forma más que cuestionable para el trabajador, por qué hay que seguir tendencias a lo loco. El Covid nos puso en una situación de cuestionarnos, de preguntarnos dónde estamos produciendo y los largos viajes que hacen los artículos hasta llegar al consumidor”.

También de la dificultad nació, prácticamente en el otro extremo de España, Casa Peña, una marca -aunque su creadora afirma que tiene más de alma que de marca- de cerámica artesana, que pone en valor la tradición, artesanía y cultura malagueña y andaluza. Hace seis años, la diseñadora gráfica Cristina Peña atravesaba una depresión y necesitaba encontrar una actividad que la obligase a salir de su zona de confort. Así entró en el mundo de la cerámica. “Al ser cada pieza algo tan personal a nivel terapia, he ido evolucionando y creciendo, y el proyecto lo hizo conmigo hasta convertirse en marca. Decidí enfocarme más en él cuando no me renovaron en la empresa en la que trabajaba”.

Para Peña, todas sus piezas hablan de ella, y sus proyectos siempre han girado, de una forma u otra, en torno a lo andaluz y lo malagueño. Gracias al haberse encontrado durante la realización de su Trabajo de Fin de Grado con unos azulejos antiquísimos de Málaga, empezó a indagar en el imaginario de la cerámica andaluza: de la Fajalauza, de La Cartuja o de la cerámica de Talavera. “Recuerdo en especial una charla con Alfonso Rot, alfarero y mi mentor, sobre la pérdida de los oficios, de lo artesanal y de la alfarería”. 

Sus piezas tienen mensajes: algunas inspiradas en coplas, en canciones de artistas andaluces, en personas que la rodean o en el imaginario popular de la región. Lo más característico es que muchas de ellas están escritas tal y como se pronunciarían con acento andaluz, el cual ha sido eternamente menospreciado y objeto de crítica por muchos. “Cuando te diriges a un público, a mí, al menos a nivel personal, siempre me educaron bajo la premisa de ‘tienes que hablar bien’. Esto es perder tu acento. Hablar o escribir como lo hacía tu abuela no te hace más inculta, pero tampoco te hace más profesional. Simplemente creo en transmitir tu pureza, hablar como te sale del corazón en ese momento. Creo que, mientras nos preocupamos por encajar, se nos olvida quiénes somos”.

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Y es que la búsqueda de la recuperación de nuestras raíces es probablemente también la búsqueda de uno mismo.
Unas raíces que han estado y estarán eternamente ligadas a la artesanía, con disciplinas que nos aportan personalidad y esencia. Desde AO Domini, Méndez cree que la gente, ahora más que nunca, busca artesanía, que los espacios tengan alma; y piensa que, en España existen artistas espectaculares que recuperan estas tradiciones. Cristina Peña es una de ellas, y Lilia Méndez un ejemplo de lo necesario que es ensalzar un trabajo que no solo es bonito, sino también artístico y de calidad.

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