Cuidados y tratamientos ancestrales

Por Ana López

/ BELLEZA

4 DIC 2022

Este mes hablamos sobre rituales de autocuidado que tienen la base de la herencia del conocimiento de la naturaleza, para crear una rutina natural que eleve nuestro bienestar. Existen infinitas técnicas y tratamientos ancestrales para el cuidado de la piel, pero mi preferida y la que me parece más fascinante e integral, es cómo trata y describe la belleza, la ciencia del Ayurveda, uno de los sistemas de salud más antiguos del mundo.

En efecto, los problemas de la piel no son de ninguna manera problemas de la piel, sino señales de desequilibrios específicos en el fondo del cuerpo y de la mente.

El Ayurveda nos enseña que, para corregir esos desequilibrios desde el origen, es necesario trabajar en los 4 planos de la vida: el cuerpo, la respiración, la mente y el espíritu. Para hacerlo, podemos empezar en el nivel externo, diagnosticando primero el tipo de piel para seleccionar los ingredientes que mejor se adapten a ella.

Y para ello, el Ayurveda identifica 3 tipos de biotipos o doshas donde podemos definirnos todas las personas. Estos doshas son innatos, es decir, los adquirimos al nacer, pero se van desequilibrando a lo largo de los años por multitud de factores. (Estrés, contaminación, alimentación…)

Estos doshas son: VATA, PITTA Y KAPHA. Y cada uno de ellos se relaciona con un elemento de la naturaleza, siendo Vata – aire, Pitta- fuego y Kapha- Tierra. Y no sólo describirán las características de nuestra piel, sino que nos ayudarán a entender mejor el funcionamiento de nuestro organismo e incluso nuestras necesidades.

Vata se relaciona con una piel seca. Pitta será una piel sensible, que reacciona con facilidad. Kapha es una piel grasa.

Todos los tipos de piel se ven finos y radiantes cuando están en equilibrio. Sin embargo, cuando los doshas no están en equilibrio, se ve más pronunciado el efecto característico de cada tipo de piel.

El cuidado holístico de la piel es una práctica milenaria que implica tratar la piel de una manera “integral”. Observando el panorama general para ir más allá de los síntomas externos y comprender la causa raíz de los desequilibrios de la piel, lo que significa que es mucho más que usar productos.

El Ayurveda no se detiene cuando los síntomas del desequilibrio desaparecen, sino que su meta final es alcanzar la integridad, el estado perfecto de armonía. Se dice fácil, ¿no crees?

Vamos a transportarnos a la India y a remontarnos seis mil años atrás para descubrir esta filosofía y todos sus secretos. Y para ello, vamos a adentrarnos en cuestiones muy interesantes, como son: el concepto de salud, de belleza y del funcionamiento de la piel como reflejo de nuestro interior.

Los avances de la medicina moderna nos han llevado a creer que podemos encontrar la eterna juventud en un tarro y liberarnos de las enfermedades por medio de pastillas. 

El enfoque del “remedio rápido” frente a la salud influye directamente sobre la actitud de las personas sobre la belleza física. Eso significa que millones de fórmulas nuevas salen al mercado cada semana. Y también significa que nada de lo que ya tenemos en los tubos y frascos que llenan nuestros baños, sirven realmente.

Y es que, jamás encontraremos la solución en un producto, porque el secreto de la belleza duradera no está fuera de nosotros, sino que emana de los más profundo del cuerpo y de la mente. 

En términos ayurvédicos, (esta definición me parece de lo más bonito que he leído nunca) la belleza es el rostro del YO INFINITO, la energía pura de la conciencia. La reconocemos dentro de nosotros, y la vemos en los demás en forma de elegancia y armonía naturales.

“Toda fluctuación del pensamiento produce un cambio correspondiente en el cuerpo. La piel es el reflejo físico de nuestro ser interior.”

Y es que, el Ayurveda defiende algo que me parece totalmente lógico y a la misma vez, revelador: La piel no solamente percibe las sensaciones, sino que expresa lo que sentimos. A través de sus terminaciones nerviosas y glándulas endocrinas, la piel transporta los mensajes químicos al resto del cuerpo y transcribe cada uno de los sucesos en un lenguaje cuyas palabras son lo sarpullidos, acné, eccemas, rojeces… La piel en realidad habla lo suficiente como para llenar libros enteros.

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“NO EXISTE COSMÉTICO PARA LA BELLEZA COMO LA FELICIDAD”

– Lady Blessington

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